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Pasillos

No me gustan los pasillos. No me gusta el pasillo asimétrico de mi piso, al que no puedo darle utilidad. No me gustan los interminables pasillos del metro. No me gusta perderme en los pasillos del supermercado, cuyos lineales van cambiando por una burda estrategia de marketing. No me gustan los pasillos verde insipido del hospital. Pasillos en los que te dan malas noticias, comprimidas en treinta segundos, con vocablos que no entiendes. Pasillos deshumanizados, donde eres un simple número. Pasillos en un hábitat que no controlas, en el que te sientes desprotegido... Un lugar que no hubieras querido pisar. No me gustan los pasillos. No me gusta esa "pieza de paso, larga y angosta, de cualquier edificio".

Volver

Volver. Volver a escribir en este blog casi abandonado, y no porque no haya cosas que teclear. Las circunstancias han hecho que sea en trayectos de AVE, con libreta y bolígrafo o bien con la heramienta "notas" del móvil, donde haya dejado fluir aquello que pienso, o siento. Ese único rinconcito, la escritura, en el que sumergen mis emociones, muchas veces negativas que implican vivir con ansiedad disfuncional, alerta y miedo. También vuelvo de vacaciones. Este año, más cortas. De hacer miles de kilómetros en avión, tren y esos autocares profundos que intentan conectar lugares y personas. Semanas de visitar lugares nuevos, de volver a los de siempre y de fotografiar momentos que, aunque más bonitos con la ayuda de Instagram, no disimulan una mirada triste, pensativa, perdida... Vuelvo a Barcelona, a mi rutina. A una ciudad y a un día a día del que me planteo una excedencia. Una vuelta dura. Con una ausencia, la de alguien que se fue hace ya tres meses. Son las hostias que te ...

Cuesta escribir

A veces, por mucho que haya que contar o escribir, cuesta hacerlo. Te sientes bloqueado. Ha ocurrido algo inesperado, duro, sin vuelta atrás y, de primeras, no sabes si es real o ciencia ficción. Hay quien habla de un proceso, con sus respectivas fases. Pero cada persona lo lleva como mejor puede. Para algunos, incluso, pararse puede causar más daño. El 30 de abril, y recién cumplidos mis 30, partía en asiento preferente en un AVE dejando una Barcelona iluminada porque mi prioridad y mi presencia estaban ubicados en otro lugar. Alguien muy cercano había tenido que hacer un parón. El primero en su vida. Y estoy convencido, que sabía que era el definitivo. Nunca mis lágrimas habían brotado de mis ojos así. Una vez más, me reafirmo en que la vida no es justa pero, con todo, hay que exprimir lo positivo. Poder estar, acompañar y decidir, en esos días, amortiguó. Ahora, hay que hacer piña, pedir ayuda, identificar emociones y recomponerse, porque como leí cuando las cosas ya no iban bien ...

22/04/16

Algún compañero de curro ha escrito hoy, en un acta interna, la fecha 22/04/16. Es decir, dos años adelantando a su tiempo. Tal vez quiera, queramos, que el tiempo pase demasiado rápido porque dicen que el tiempo todo lo cura y hay cosas que el "aquí y ahora" no lo solucionan. Habrá que esperar...

Treinta

Treinta años, treinta horas para sentirte querido. Porque, hace unos días, alguien me preguntaba, en relación a mi desgaste profesional "y a ti, ¿quién te cuida?". El cambio de una década al límite. Con prescripción de desconectar en forma de avión o de tramitación de baja. Desgaste también personal, y familiar, claro está. Gotas que colman el vaso hasta que el agua se desparrama. Por suerte, tu gente, tus amigos, los de allí y los de aquí, con los que tanto compartiste, con los que tanto compartes, te regalan un masaje, un libro de "cosas no aburridas para ser la mar de feliz", body milk con aroma a mojito, una foto para recordar una época, una llamada madrileña o un mensaje por Facebook a miles de kilómetros con buenas noticias. Te insuflan aire para seguir volando como aquel globo que se te escapó cuando eras pequeño. Y también valoras lo positivo, que lo hay. Y soplas velas deseando algo. No lo de todos años que, ya que no llega, no lo das por imposible pero se...

Cambio de billete

Domingo, primera hora de la mañana. Acompañar a Sants a cambiar un billete de tren por motivos médicos, pone la guinda a ocho semanas en las que el principal paréntesis han sido dos horas de escritura creativa. Y han dado para mucho. Para todo excepto para el relax. De bueno, regular y malo. De una "doble vida" o de algo en tu vida que casi nadie sabe. De encajar en la habitualidad del día a día. Porque normal, ¿qué es normal? Sin duda, comunicar bien, o aprender a hacerlo, puede amortiguar mucho los acontecimientos vitales. Principalmente, aquellos que aparecen, reaparecen o que se quedarán un tiempo, tal vez, más del que desearas. ¿Dónde está el botón stand by? Quiero apretar o, mejor aún, rebobinar hacia atrás...