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Cuando...

Cuando sales de una reunión, coges el metro en Paralelo y al llegar al despacho te dan una noticia que, tal vez, tiempo después aún no has encajado. Cuando acabas tu jornada laboral, le ves esperándote en aquel banco del paseo e intuyes que no acabaréis juntos la tarde. Cuando acudes a la primera sesión de la terapia, tomas un café con Ana y pillas el último AVE que conecta con Zaragoza. Cuando aquel trayecto bonito acabó, te echas a llorar antes que la psicóloga te abra la puerta y pasas el puente de mayo acompañado. Cuando...
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Después del último post...

Me rompí al recibir una ballena postal desde Dublín. Personas que, aún en la distancia, sientes cerca. Aunque resulte imposible ese café face to face tan necesario y que sirve para drenar. Al igual que lo fue mi retorno a Madrid. 4 días para "abrir los ojos y mirar", compartiendo una mediación cultural, (con la perdida de tiempo como hilo conductor), callejear por Malasaña o contemplar un atardecer. Y al volver, un trayecto zen en el AVE con anécdota atrevida. Porque hay que tener presente las situaciones y/o los contextos. También leí que una segunda cita es un chiste, "todos sabemos que esa es la verdaderamente importante". Y me fui de Semana Santa a una Zaragoza en la que cambié procesiones por El Tubo, en la que (como cada año) estuve en su cumpleaños y en la que también me dí cuenta que, antes o después, los mitos acaban cayendo. Por cierto, le compro una frase a mi amiga Sofía, "lo único estable es el cambio". Y comencé la "línea gay", a …

33

Inevitable hacer balance ante enero, septiembre o por tu cumpleaños. 30 en 2014, 31 en 2015, 32 en 2016 y hoy 33, edad capicúa. 3 años frenéticos, una montaña rusa que supuso pedir ayuda. Nuevas experiencias, personas que vienen y van, y temas no procesados en la línea de la vida. Miércoles lejos de casa. ¿O mi casa es Barcelona? Ambivalencia constante medicada con un billete de AVE. El próximo, destino a Madrid. Y no es una huida sino un break para abrir los ojos y divisar otro paisaje, un encuentro con esa parte de tu entorno que se ha ido desperdigando por la bola del mundo... Mientras, comienzo a leer "Elogio de la lentitud". Porque sé que necesito parar. Y lo haré, antes o después. Vivir en alta velocidad tiene el coste de la "no presencia", y como canta Vetusta Morla en el tema Copenhague "dejarse llevar suena demasiado bien, jugar al azar, nunca saber dónde puedes terminar..."

Ayudar es invalidar

Diluvia en Barcelona, mientras aprendo que "ayudar es invalidar". Diferentes enfoques. Antes, llamada de WhatsApp. Tal vez, alguien siempre ofrezca más. Y en este punto, ¿limitar o echar de menos? Se acercan los 33. Diferentes a los 30, a los 31, a los 32... Y también se acerca un paréntesis madrileño, tras el viaje "orgulloso" de 2013.

Enlazando frases

"Probablemente, nadie sienta la necesidad de cuestionar la manera en que llegó a la vida del otro", frase que aparece en la novela a la que di carpetazo el sábado. Días antes, debatía con amigos sobre si "queda mejor" decir que te has conocido por una App o Internet o, por el contrario, si lo suyo sería hacerlo desde lo cotidiano; en el café donde desayunas, en el largo trayecto de metro, descubriendo un supermercado, en los vestuarios del gimnasio, a través de amigos... Lo cierto es que no lo eliges, ni deberías poner expectativas de dónde puede ocurrir. La "chispa", como dicen en First Dates, está aguada. Pero abres el ojo, y comienzas la semana en Instagram. Y de repente, la endogamia de las galerías fotográficas te lleva a que tú repases mentalmente esa quedada afónico, un paseo en moto hasta Gracia o, incluso, algún enredo entre sábanas. Hilos sueltos de historias que tuvieron inicio y final, prácticamente, al mismo tiempo. Y enlazo con otra frase: …

Pasado color ámbar

Charramos de años que comienzan complicados, para seguir yendo a buscar un café, mientras atravesamos un polígono industrial en el que emerge un laboratorio farmacéutico. Porque el pasado siempre vuelve. Tanto que tomo cañas con un ex, donde estuve con otro ex con el que, a su vez, ya fui la noche en la que me robó un beso color ámbar. Y el viernes el cielo rompió a llorar. Mirada de reojo o bajar la mirada. Me revienta el mamarracheo y, si no me apetece, no saludo. Sábado de embarque. Los apoyos se alejan cada vez más. Aire fresco que dejó de soplar. ¿Qué me limita? Ahora toca diseccionar esa línea de la vida. Y acabo con la misma pregunta que subrayo en la novela El remanso de los sueños transparentes, "¿cómo las personas que nos vamos encontrando en nuestra vida hacen que los caminos sean carambolas inexplicables y sorprendentes?". Por cierto, tras nueve años, cambio la imagen de este blog. De verde a amarillo, de verd a grog, de green a yellow. ¡Y mañana, más cañas!

La vida...

Desayuno en "La vida" de la Magdalena, sin saber aún que el vuelo se retrasaría una semana. A mí, un Alvia madrugador me vomita a Barcelona en un lunes en el que me dan una carta que tengo poderes para recibir, y en el que me llaman para plantearme un retorno allá de donde marché hace 4 meses. Vuelvo a casa más tarde de lo que pensaba. Al día siguiente, más. Clase de "cycling life". Más que "life", "sobrelife". Miércoles; masaje y reencuentro irlandés. Rajando de la vida con tapitas en Poble Sec. Y el jueves, un amanecer a oscuras. ¿Y si hacemos un blog desde el taller de escritura creativa? Y pienso estos días que no me arrepiento del cambio, pero que no es como esperaba. Creo firmemente en el parón. Mientras tanto, volvemos al bucle anual de la elección de las vacaciones y el fantasmagórico agosto. ¡Bona nit!