Todo es cuestión de perspectiva. Voy en vuelo destino Canarias. Un viaje a la aventura, una aventura que implica fuerza o una aventura forzosa. No tenía previsto pisar la isla. Pero me quedé sin plátano (chiste fácil). No consigo dormir en el aire y comienzo "Cuando volvamos a casa", una novela que, intuyo, narra personajes al límite. El comandante informa que acabamos de sobrevolar Granada (otro destino pendiente) y que el clima en Fuerteventura es "maravilloso". Maravilloso es un adjetivo calificativo. Por tanto, es su filtro, es su perspectiva. En un rato, el tiempo, nuestro peor enemigo, me concederá una hora más, que me robará cuando vuelva a casa. Nada es gratis. Ni casual. Ayer, en el último ensayo teatral, el profesor nos cuenta que vive en un determinado barrio de Sabadell. Como decía la Gemio, no entraré en detalles. Por cierto, Sabadell; allí impartía hoy mi amiga Montse un taller de duelo. Tampoco diré más.
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