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Yo poso, tú disparas

Casualidad o causalidad, dejé de teclear al mismo tiempo que comencé a posar. Mi primera sesión de fotos fue en 2017. Una calurosa mañana de junio, en los alrededores del aeropuerto de El Prat de Llobregat. Contento con el resultado, el gusanillo seguía picando y, poco a poco, fui poniéndome ante el objetivo de amateurs de la fotografía, de fotógrafos que ya no ejercen o de profesionales que viven de dicho arte. Para mí, la fotografía erótica es diversión, transgresión y reivindicación. Es mostrar a otro Carlos, lejos del que, cada mañana, escucha problemáticas ajenas, y lejos también del que lucha contra sus propios fantasmas. El desnudo se censura, y no hay mayor libertad de expresión que despojarte de la ropa y mostrarte sin artificios. Debería ser algo natural, pero estamos más acostumbrados a visualizar imágenes de guerra que de nuestra propia piel. La censura en Instagram es incomprensible, y la presión estética hacia cuerpos blancos, jóvenes y musculados también. Spoiler: si eres gay, todavía más. Sí a Ayuso le gusta la fruta, a mí me gusta posar. Cada shotting es una experiencia diferente, y el último me liberó del corsé que la vida me fue apretando. ¿Cuál será el resultado?


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