Sigue en Cataluña. Pero huyó de Barcelona a un pequeño pueblo medieval. Y lo hizo tras superar duelos. Aquellos que acumuló en un corto intervalo del ciclo de la vida. Necesitaba respirar. Coger aire. Ser su propio soplo de aire fresco. Desconectar del lado menos amable del día a día. Conectar con su "aquí y ahora". Dejándose llevar. Sin expectativas, pero con un gran objetivo: centrarse en lo que es. Cambiar de tejado. Practicar la vida presente. Un entrenamiento en el hoy impredecible, incontrolable y que puede dar un giro a la vuelta de la esquina. Hechos que provocan que, de un momento a otro, todo cambie.

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